El miedo bursatil domina a la moneda unica europea

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El miedo bursátil domina a la moneda única europea

La Divisa Europea sigue alcanzando minimos de hace dos meses atrás contra el dólar, cayendo también contra el yen japonés durante la pasada jornada del miércoles, esto es debido sobre todo a la gran preocupación generada en los inversores por la crisis de Irlanda, se palpa un nivel muy elevado de aversión al riego, y esto genera que los inversores decidan hacer sus nuevas inversiones en monedas en alza como el dólar americano o el yen japonés. La moneda única europea alcanzo los $1.3283 al cierre de la jornada de ayer en contra del dólar, nivel que no se daba desde el mes de septiembre pasado, donde se registraron minimos que rondaron los $ 1.3325. Por otro lado el euro también cedió terreno frente al yen japonés cerrando la jornada en los 111.40.

Esto hace que el Mercado siga en alerta dada que la situación de Irlanda podría contagiar a otros países europeos como España o Portugal. Ayer Irlanda anunciaba un plan de cuatro años para poder reducir sus elevados gastos a 15 billones de euros, dato que fue insuficiente para satisfacer al mercado de divisas.

Se espera que el par EUR/USD estará dominado por un nivel muy alto de volatibidad, mientras que este par intentara definir sus actuales niveles de soporte y resistencia. Al ser poco usual este tipo de movimientos en el mercado, podría ser utilizado para sacar una ventaja considerable.

El Miedo Bursatil continua en la Zona Euro

Los ministros de finanzas de la Unión Europea participaran hoy en una sesión en el ECOFIN, cuyas siglas en ingles significan Economic and Financial Affairs Council. En esta sesión se intentara definir algún tipo de mecanismo monetario y los posibles pasos que deben seguir los miembros europeos para conseguirlo. Durante el transcurso de la jornada de hoy se esperan los comentarios y conclusiones de lo acaecido en esta Cumbre.

Hay que tener presente en estos momentos el tema más candente en la Zona Euro, el posible contagio que se teme de la crisis a otros países miembros europeos, después de que el rescate a Irlanda fuera realizado con éxito. Por esta razón los inversores comienzan a recoger sus ganancias con el euro y a cerrar sus posiciones abiertas con respecto a la moneda única europea, lo que produce una corrección a la baja del euro a corto plazo.

La cotización del euro cayó un 1% durante la jornada de ayer, rondando los 1.3296, por otro lado el par EUR/JPY cayó 113 pips, para situarse actualmente en el nivel de los 109.63, después de que se abriera la jornada con un nivel que rondaba los 110.76.
Para el día de hoy se aguardan varias publicaciones de importancia en la Zona Euro, pero sin duda el tema central será lo que ocurrirá en la cumbre de ECOFIN, así como los datos manufactureros de Inglaterra que se darán a conocer a las 9:30 GMT. Deberíamos de estar muy atentos a las declaraciones que se produzcan en la Cumbre de ECOFIN, ya que esto hará que el euro tenga un alto nivel de volatilidad en el Mercado Forex.

Por otro lado el yen japonés estuvo a la alza últimamente. El par USD/JPY cayó en la jornada de hoy, después de conseguir máximos la semana pasada llegando al nivel de los 84.39, colocándose en el nivel actual de los 82.46. Por otro lado el par EUR/JPY tuvo un comportamiento similar, cayendo este par en 110 pips y rondando actualmente el nivel de los 109.63.

La crisis econГіmica de la UniГіn Europea: ВїComplejo de Saturno o SГ­ndrome de Estocolmo? Parte II (pГЎgina 6)

Nunca sabremos si los británicos hubieran votado a favor o en contra de ese ingreso, dada su desconfianza ancestral al cambio, que les ha llevado hace tan solo unos meses a mantener uno de los sistemas electorales menos representativos de lo que piensan los votantes que existe en el mundo. Pero lo que sí sabemos es que si los laboristas nunca convocaron ese referéndum tras llegar al poder en 1997 fue, sobre todo, por las peleas que carcomían las relaciones de esa singular pareja política que formaban Blair y Brown.

El euro se convirtió en rehén de esas rencillas, que se remontan al célebre pacto que alcanzaron en 1994, cuando la súbita muerte del entonces líder John Smith sembró la simiente de la rivalidad entre dos políticos que hasta entonces parecían sólidamente unidos. Blair, que ya en aquellos tiempos cuestionaba el carácter de su amigo, decidió optar a un liderazgo que muchos consideraban destinado al más sólido de los dos, Brown. Este tuvo que aceptar a regañadientes que el dinámico y sonriente Tony era mejor cartel electoral, pero obtuvo a cambio el control absoluto de la política económica.

Eso incluía el euro. Y Brown reforzó su control sobre el calendario del ingreso condicionándolo a que el Tesoro, del que él era el gran timonel, dictaminara que se cumplían cinco requisitos de carácter económico, entre los que el más importante era la compatibilidad de los ciclos económicos británico y de la zona euro.

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En las elecciones de 2001 los conservadores que entonces lideraba William Hague intentaron centrar la campaña en el miedo al euro: fracasaron por completo. Pero aunque no le tenían miedo, el euro era cada vez menos popular en Reino Unido. Los daneses habían rechazado incorporarse, restando presión a los británicos. Lejos de disminuir, la rivalidad entre Brown y Blair aumentó. El primero, cuanto mejor conocía el euro más desconfiaba de él. Y el segundo se convirtió luego en la bestia negra de París y Berlín por su alianza con George W. Bush en la invasión de Irak, lo que enterró cualquier perspectiva de ingreso de la libra en el euro.

Lo demás está muy reciente. La crisis financiera, el problema de la deuda soberana, el estallido de Grecia, etcétera.

El acertado pronóstico de Wynne Godley

Wynne Godley (1926-2020) era un personaje muy peculiar. Estudió política, filosofía y economía en Oxford, pero acabó dedicándose a la música como profesional. Tocaba el oboe como solista principal en la orquesta de la BBC en Gales, pero lo dejó: no porque no diera la talla, sino porque le daba pánico tener que tocar en público. De la música pasó al Tesoro y después al King’s College de Cambridge, desde donde chocó con frecuencia con Margaret Thatcher.

Godley fue uno de los pocos que cuestionó técnicamente en Europa el proyecto de unión monetaria. Esas dudas solo se estaban planteando en Estados Unidos, donde los académicos pronosticaban que el euro estaba destinado al fracaso porque Europa no tenía la unidad de ciclo económico, la incidencia más uniforme de los choques económicos, las transferencias fiscales transfronterizas y la movilidad laboral del gigante americano.

En octubre de 1992, Godley advirtió en un artículo en la London Review of Books de que la moneda única no podía funcionar tal y como estaba planteada: «La increíble laguna del programa de Maastricht es que aunque contempla la creación y manera de funcionar de un banco central independiente, no hay proyecto análogo, en términos comunitarios, de un gobierno central».

Y concluía que había que elegir entre lo que quería Thatcher, mantener las monedas nacionales, o por un proyecto europeo realmente federal. Pero no esa vía intermedia que pretendía crear una moneda europea con Gobiernos nacionales y sin una verdadera autoridad central europea.

– Anatole Kaletsky: El acuerdo «Merkozy» no vale nada (El Economista – 2/1/12)

(Por Anatole Kaletsky)

¿Y el ganador es? David Cameron. Con los mercados europeos hundidos tras la histórica reunión, Francia a punto de perder su calificación crediticia y el Parlamento alemán conmocionado tras el fracaso de Angela Merkel en cumplir su promesa de sanciones automáticas a las infracciones del umbral presupuestario, parece que el nuevo tratado de la eurozona no va a escribirse nunca, y mucho menos firmarse o ratificarse. En vez de aislar o debilitar la posición británica, el primer ministro ha salvado del ridículo y el descrédito a los tratados fundamentales de la Unión Europea.

A medida que se iban conociendo los detalles del pacto fiscal franco-alemán, se puso de manifiesto que la respuesta «exhaustiva» y «definitiva» a la crisis de la eurozona no era más exhaustiva ni definitiva que todos los acuerdos fallidos anteriores. La única decisión verdadera consistió en fijar otra reunión dentro de tres meses en la que, por obra de magia, se resolverán todos los insoportables contenciosos que dividen a Francia y Alemania. Hasta entonces, los ciudadanos de la eurozona y los inversores globales acertarán manteniéndose recelosos. Los motivos del escepticismo pueden agruparse en tres categorías: las finanzas, la política y la economía.

Empezando con las finanzas, el acuerdo de la cumbre fracasó burdamente a la hora de satisfacer los dos requisitos necesarios para restaurar la confianza en los acreedores de los Gobiernos de la zona euro y los depositantes de bancos griegos, italianos y españoles. En primer lugar, la eurozona debe convertirse en una verdadera unión fiscal. Segundo, el Banco Central Europeo debe ofrecer una financiación potencialmente ilimitada a los Estados más débiles del euro, acortando las distancias entre el calendario político de la creación de una unión fiscal, que llevará varios años, y la agenda del mercado, medida en semanas o meses. La cumbre fracasó estrepitosamente en ambos sentidos.

La unión fiscal necesaria para salvar el euro exigiría un control fuerte y centralizado de los impuestos, los gastos nacionales y el bienestar social, que es lo que quieren los alemanes y a lo que se resisten los franceses y los países del Club Med. Sin embargo, para tener siquiera una posibilidad remota de restaurar la estabilidad financiera, la unión fiscal también tendría que crear la responsabilidad colectiva de las deudas soberanas y de la solvencia bancaria en todos los países miembros. Eso es lo que los países mediterráneos necesitan urgentemente para tranquilizar a sus acreedores y depositantes bancarios, y también lo que Alemania se ha negado incluso a discutir. Para empeorar aún más las cosas, el proceso de unión fiscal no ha contado con el respaldo previsto del BCE. En lugar de aumentar el apoyo a Grecia, Italia y otros países, el Banco Central Europeo ha reducido su ritmo de compras de bonos. En vez de ofrecer a Italia y España créditos puente, el BCE ha tramado un estrambótico plan de préstamos encubiertos mediante un esquema disparatado que en cualquier otro contexto podría describirse como blanqueo de dinero.

El BCE anunció que ofrecerá a todos los bancos de la eurozona préstamos a tres años en cantidades ilimitadas a un tipo de interés de sólo el 1 por ciento. Los bancos podrán usar el dinero para comprar bonos emitidos por sus propios Estados, en la mayoría de los casos con un rendimiento del 6 por ciento o más, con cinco puntos de beneficio al absorber las deudas que sus Gobiernos decidan emitir en los próximos meses.

Dada la oferta de financiación ilimitada del BCE, el único tope de los bancos en sus adquisiciones de bonos será el miedo al default. Si los Estados griego o italiano impagan sus deudas, los bancos de esos países quebrarán de forma espectacular (aunque lo harían de todos modos en caso de impago de sus Gobiernos). Es decir, los incentivos para los directivos bancarios son jugárselo todo, arriesgar el capital en los mercados de deuda estatal y aprovechar al máximo las nuevas líneas de crédito del BCE.

Ante las incertidumbres

En cuanto al ámbito político, el tratado propuesto no hace más que exacerbar las tensiones e incertidumbres que amenazan la cohesión en la eurozona. Pensemos en algunas de las preguntas que plantea el tratado y que nadie, de momento, puede contestar.

¿Ratificarán los 17 países del euro el nuevo tratado? ¿Y cuánto tiempo llevará? ¿Podrá Irlanda evitar un referendo justo cuando sus ciudadanos consideran a Europa una potencia colonial muy hostil? ¿Quién exigirá el cumplimiento de las disposiciones del tratado si la exclusión británica significa que los 17 no pueden recurrir al Tribunal Europeo, la Comisión y otras instituciones de la Unión? ¿Introducirán todos los miembros del euro los techos de deuda al estilo alemán en sus Constituciones para satisfacer a los tribunales germanos? Y si un Estado no cumple, ¿será expulsado en el acto del euro, o qué otra sanción puede imponerse que tenga credibilidad?

Y peor aún, ¿cómo interactuará el acuerdo con la política francesa? Con las elecciones presidenciales en mayo, ¿qué ocurrirá si los dos oponentes al presidente Nicolas Sarkozy (Marine Le Pen y François Hollande) denuncian al bautizado como pacto fiscal por traicionar la soberanía y democracia galas? En ese caso, el acuerdo del viernes 9 de diciembre no valdrá ni el papel en que está escrito hasta los comicios del 6 de mayo.

Austeridad alemana no puede funcionar

La tercera objeción al acuerdo Merkel/Sarkozy es su incoherencia económica. Imponer la austeridad alemana a todos los miembros de la eurozona no puede funcionar por razones de aritmética y macroeconomía. Incluso si el pacto fiscal pudiera ponerse en práctica de inmediato y aunque el BCE lo respaldase con apoyo monetario, fracasaría porque agrava las pesadillas económicas del desempleo y el estancamiento del sur de Europa, Irlanda y, en último término, también de Francia y Alemania.

Es aritméticamente imposible que todos los países en la eurozona se escapen simultáneamente de la crisis de la deuda a base de deflación. En ese aspecto, por lo menos, la enseñanza principal de Keynes en los años 30 (que los trabajadores y contribuyentes son también clientes) sigue siendo tan de actualidad hoy como entonces. Al imponer austeridad permanente a toda la eurozona, el pacto fiscal o la unión fiscal garantizaría una depresión persistente, y eso, a su vez, asegura que el tratado supuestamente acordado el 9 de diciembre no verá nunca la luz.

(Anatole Kaletsky. Director adjunto y jefe de Economía del diario The Times)

– El leviatán financiero de EEUU (Project Syndicate – 30/12/11)

(Por J. Bradford DeLong)

Berkeley.- En el año 1950, según las estimaciones del Departamento de Comercio de EEUU, el sector financiero y de seguros en Estados Unidos representaban el 2,8% del PIB. Hasta el año 1960, dicha proporción había crecido hasta el 3,8% del PIB, y había alcanzado el 6% del PIB en el año 1990. En la actualidad representa el 8,4% del PIB, y dicha proporción no está en descenso. Justin Lahart de The Wall Street Journal informa que la proporción en el año 2020 fue mayor que la proporción pico del año 2006.

Lahart continúa sus apreciaciones indicando que el crecimiento de la proporción del sector financiero y de seguros de la economía «no ha sido, por lo general, una mala cosa. Al desplazar capital a lugares donde puede ser utilizado de mejor manera, se ayuda a que la economía crezca».

Pero si EEUU estuviera obteniendo un buen valor a cambio del 5,6% adicional del PIB que ahora gasta en finanzas y seguros -es decir, por los $ 750 mil millones extras que se desvían anualmente de lo que hubiese estado destinado a pagar a personas que fabrican directamente bienes útiles y proporcionan servicios útiles- dicho valor se mostraría de forma obvia en las estadísticas. A una típica tasa anual del 5% de interés real para flujos de efectivo riesgosos, desviar una porción tan grande de recursos alejándolos de los bienes y servicios con utilidad directa este año sería un buen negocio únicamente si ello impulsa el crecimiento económico anual general en un 0,3% – es decir, en un 6% por el periodo de una generación de 25 años.

La economía de EEUU atravesó en el último par de generaciones por muchos shocks, y muchos factores aumentaron o disminuyeron el crecimiento económico. Mas no es obvio que hoy en día la economía de EEUU sería un 6% menos productiva si se hubiera mantenido el sistema financiero y de seguros del año 1950, en lugar del que ha prevalecido durante los últimos 20 años.

Hay cinco formas en las que una economía se beneficia de un sistema financiero y de seguros que funcionan óptimamente. En primer lugar, las personas ya no están tan vulnerables ante los efectos de los incendios, inundaciones, desastres médicos, desempleo, colapsos empresariales, cambios sectoriales, y otros hechos similares, ya que un sistema financiero y de seguros que funciona óptimamente diversifica y por lo tanto disipa algunos riesgos, y se ocupa de los demás riesgos emparejando a las personas que temen al riesgo con aquellas que cómodamente pueden soportarlo. Aunque puede ser cierto que de alguna forma el actual sistema financiero y de seguros de Estados Unidos distribuye mejor el riesgo, es difícil de ver cómo ello podría ocurrir en los hechos, dadas las experiencias por las que atravesaron los inversores en instrumentos de renta variable y en el sector de vivienda durante los últimos dos decenios.

En segundo lugar, los sistemas financieros que funcionan óptimamente emparejan proyectos de inversión grandes e ilíquidos con cantidades pequeñas de dinero aportadas por ahorristas particulares quienes valoran altamente la liquidez. Ha habido una importante innovación en las últimas dos generaciones: las empresas ahora pueden emitir bonos de alto rendimiento. Sin embargo, dados los costos del proceso de quiebra, nunca ha quedado claro por qué una empresa preferiría emitir bonos de alto rendimiento (aparte de porque desea realizar una jugada al sistema impositivo), o por qué los inversores preferirían comprarlos en lugar de invertir en una participación accionaria.

En tercer lugar, existen oportunidades mejoradas para gastar más cuando uno es pobre, y de posteriormente, ahorrar más cuando uno se convierte en rico. Los hogares en la actualidad pueden prestarse más gracias a los préstamos para la compra de viviendas, manejo de saldos en tarjetas de crédito, y préstamos sobre el sueldo. Pero, ¿qué están comprando las personas realmente? Muchos de ellos no están comprando la capacidad de gastar cuando son pobres, y ahorrar cuando se convierten en ricos, sino que parece que están comprando el aplazamiento de la conversación sobre «recortes desagradables de gastos» con los demás miembros de su hogar. Y, eso no es algo que usted desea comprar.

En cuarto lugar, hemos visto grandes mejoras en la facilidad para realizar transacciones. Pero, mientras que las transacciones electrónicas han hecho que una gran cantidad de la vida financiera sea mucho más fácil, dicha facilidad debería haber sido acompañada por una disminución, no por un aumento, de la proporción del PIB, de la misma forma que las comunicaciones telefónicas automatizadas en el ámbito de las telecomunicaciones llevaron a una disminución en el número de telefonistas en relación al número de llamadas telefónicas. De hecho, las operaciones de aquellas partes del sistema financiero que están más estrechamente relacionadas con las mejoras tecnológicas han disminuido notablemente: considere lo que ha sucedido con las operaciones de verificación de los Bancos de la Reserva Federal regionales.

Por último, una mejor financiación debería significar un mejor gobierno corporativo. Debido a que la democracia que ejercen los accionistas no proporciona un control efectivo sobre una gestión gerencial que es arraigada, fuera de control, y auto-indulgente, las finanzas pueden desempeñar un papel potencialmente poderoso para garantizar que los gerentes corporativos trabajen por los intereses de los accionistas. Y, en verdad, un cambio sustancial ha ocurrido durante las últimas dos generaciones: los directores ejecutivos prestan mucha más atención que antes a la tarea de complacer al mercado de valores, y probable esto puede ser algo bueno.

Sin embargo, en general, sigue siendo preocupante que no veamos los grandes beneficios obvios, ya sea a nivel micro o macro, en la eficiencia de la economía de EEUU, que podrían justificar gastar un 5,6% extra del PIB cada año en finanzas y seguros. Lahart cita la conclusión a la que llegó Thomas Philippon de la Universidad de Nueva York que indica que el sector financiero de EEUU en la actualidad tiene una hipertrofia que se calcula que es de dos puntos porcentuales del PIB. Y es muy posible que la estimación Philippon de la magnitud de dicha hipertrofia del sector financiero de EEUU sea demasiado baja.

¿Por qué la devoción de una gran cantidad de habilidades y de emprendimientos en el sector financiero y de seguros no ha pagado los dividendos económicos obvios? Hay dos maneras sostenibles de hacer dinero en el sector financiero: encontrar personas con riesgos que deben ser llevados a cabo y emparejar a dichas personas con personas que tienen una capacidad aún no utilizada para soportar riesgos, o encontrar personas con tales riesgos y emparejarlas con las personas que no tienen ni idea, pero que sí tienen dinero. ¿Estamos seguros de que la mayor parte del crecimiento en el sector financiero proviene de una proporción creciente de profesionales de las finanzas que se avocan a la primera actividad descrita en lugar de la última citada?

(J. Bradford DeLong, ex secretario adjunto del Tesoro de los Estados Unidos, es profesor de Economía en la Universidad de California en Berkeley e investigador asociado en la Oficina Nacional de Investigaciones Económicas. Copyright: Project Syndicate, 2020)

– ¿Decadencia y caída del euro? (Project Syndicate – 3/1/12)

(Por Daniel Gros)

Bruselas.- Los grandes imperios raras veces sucumben a los ataques exteriores, pero con frecuencia se desploman bajo el peso de la disidencia interna. Esa vulnerabilidad parece aplicable también a la zona del euro.

Los principales indicadores macroeconómicos no indican problema alguno para la zona del euro en conjunto. Al contrario, tiene una cuenta corriente equilibrada, lo que significa que dispone de recursos suficientes para resolver sus problemas de financiación pública. A ese respecto, la zona del euro sale airosa de la comparación con otras grandes zonas monetarias, como, por ejemplo, los Estados Unidos o, más cerca de ella, el Reino Unido, que tienen déficits externos y, por tanto, dependen de que continúen las entradas de capitales.

También desde el punto de vista de la política fiscal, la zona del euro es, por término medio, relativamente fuerte. Tiene un déficit fiscal muy inferior al de los EEUU (el cuatro por ciento del PIB en el caso de la zona del euro, frente a casi el 10 por ciento en el de los EEUU).

La degradación de la divisa es otra señal de debilidad que con frecuencia precede a la decadencia y la desmembración, pero tampoco se da en el caso de la zona del euro, donde la tasa de inflación sigue siendo baja e inferior a la de los EEUU y a la del Reino Unido. Además, no hay un gran peligro de aumento, pues las peticiones salariales siguen siendo muy moderadas y el Banco Central Europeo afrontará pocas presiones para financiar los déficits, que son escasos y cuya desaparición está prevista para los próximos años. La refinanciación de las deudas estatales no es inflacionaria, pues no crea un nuevo poder adquisitivo. El BCE es un simple «intermediario central» entre los ahorradores alemanes, que aborrecen el riesgo, y el Gobierno italiano.

Se ha escrito mucho sobre el lento crecimiento de Europa, pero, en realidad, su ejecutoria no es tan mala. A lo largo del último decenio, el crecimiento por habitante en los EEUU y en la zona del euro ha sido casi exactamente el mismo.

En vista de ese relativo vigor de los factores fundamentales de la zona del euro, es demasiado pronto para descartar el euro, pero la crisis ha ido empeorando, pues las autoridades de Europa parecen tener una capacidad ilimitada para dar un sesgo desastroso a la situación.

El problema es la distribución interna de los ahorros y las inversiones financieras: aunque la zona del euro tiene ahorros suficientes para financiar todos los déficits, algunos países tienen problemas porque los ahorros han dejado de cruzar las fronteras. Hay un exceso de ahorros al norte de los Alpes, pero los ahorradores del norte de Europa no quieren financiar a países del sur como Italia, España y Grecia.

Ésa es la razón por la que la prima de riesgo de la deuda italiana y de otros países del sur de Europa sigue entre 450 y 500 puntos básicos y, al mismo tiempo, el Gobierno alemán puede emitir valores a corto plazo y esencialmente con el tipo cero. La renuencia de los ahorradores del norte de Europa a invertir en la periferia del euro es la raíz del problema.

Entonces, ¿cómo acabará la «huelga de inversores»?

La posición alemana parece ser la de que los mercados financiarán a Italia con tipos aceptables, si sus políticas son creíbles y cuando así sea. Si los costos del endeudamiento de Italia siguen siendo tercamente altos, la única solución es esforzarse aún más.

Se puede caracterizar la posición italiana así: «Estamos esforzándonos todo lo que es humanamente posible para eliminar nuestro déficit, pero tenemos un problema con la refinanciación de la deuda».

Naturalmente, el Gobierno alemán podría abordar el problema, si estuviera dispuesto a garantizar toda la deuda italiana, española y otras, pero es comprensible que se muestre reacio a correr un riesgo tan enorme, pese a que está corriendo, naturalmente, un gran riesgo al no garantizar la deuda de los Estados europeos meridionales.

El BCE europeo podría resolver el problema haciendo de comprador en última instancia de toda la deuda no aceptada por los mercados financieros, pero también se muestra comprensiblemente reacio a aceptar el riesgo y ese punto muerto es el que ha desconcertado a los mercados y ha hecho peligrar la viabilidad del euro.

La gestión de una deuda pendiente siempre ha sido una de las mayores dificultades para las autoridades. En la antigüedad, los conflictos entre acreedores y deudores con frecuencia degeneraban en violencia, pues el substituto del alivio de la deuda era la esclavitud. En la Europa actual, el conflicto entre acreedores y deudores adopta una forma más civilizada, que se ve sólo en las resoluciones del Consejo Europeo y en los debates internos del BCE.

Pero sigue siendo un conflicto irresuelto. Si a consecuencia de ello fracasa el euro, no será porque no fuera posible una solución, sino porque las autoridades no hiciesen lo necesario.

La supervivencia del euro a largo plazo requiere la combinación correcta de ajuste por parte de los deudores, condonación de la deuda en los casos en que este último no sea suficiente y financiación transitoria para convencer a unos mercados financieros nerviosos de que los deudores tendrán el tiempo necesario para que funcione el ajuste. Los recursos existen. Europa necesita la voluntad política para movilizarlos.

(Daniel Gros es director del Centro de Estudios Políticos Europeos. Copyright: Project Syndicate, 2020)

– La revolución de la cadena financiera global de suministro (Project Syndicate – 5/1/12)

(Por Andrew Sheng)

Hong Kong.- En marzo de 2020, las catástrofes del terremoto, el tsunami y el desastre nuclear que se abatieron sobre Japón detuvieron la producción de componentes clave para muchas cadenas mundiales de suministro. La repentina interrupción en el flujo de esos materiales esenciales para el proceso productivo obligó a reevaluar la forma en que funcionan esas cadenas de distribución. Pero esas vulnerabilidades no están confinadas al sector manufacturero. También la industria financiera ha casi sufrido recientemente el colapso de su propia «cadena de suministro».

La caída de Lehman Brothers en 2008 no solo enturbió los mercados financieros globales, sino que además prácticamente paralizó el comercio mundial cuando los bancos mayoristas se rehusaron a financiarse entre sí por miedo a la quiebra de sus contrapartes. El sencillo sistema bancario del pasado, basado en la concentración de los ahorros minoristas para financiar necesidades crediticias, ha evolucionado hacia una cadena de distribución extremadamente compleja -y global- con riesgos de interrupciones interrelacionadas comparables a las ocurridas en Japón durante la primavera pasada.

Las cadenas financieras de abastecimiento y las del sector manufacturero comparten tres características clave – su arquitectura, sus mecanismos de retroalimentación y sus procesos. Su robustez y eficiencia dependen de la interacción de esos componentes.

En la arquitectura financiera actual, como sucede con otras cadenas de suministro, las redes interdependientes tienden a concentrarse en poderosos núcleos. Por ejemplo, tan solo dos centros financieros, Londres y Nueva York, dominan las finanzas internacionales, y son 22 participantes quienes realizan el 90% de todos los intercambios mundiales de divisas. Esta concentración es muy eficiente, pero también genera mayores riesgos sistémicos: si el nodo líder falla, el sistema entero puede caer.

Los mecanismos abiertos de retroalimentación garantizan la capacidad de la cadena de suministro para responder a un entorno cambiante, pero, en el caso de las cadenas financieras de distribución, los mecanismos de retroalimentación pueden amplificar los problemas hasta que el sistema completo falle. El colapso de Lehman Brothers disparó una explosión de ese tipo. El sistema financiero solo pudo salvarse gracias a los rescates gubernamentales.

Finalmente, los procesos dentro de las cadenas de aprovisionamiento y las interacciones de retroalimentación entre ellos, pueden lograr que el sistema sea mayor o menor que la suma de sus partes. Como una red completa incluye vinculaciones entre muchas subredes, las ineficiencias o debilidades individuales pueden incidir sobre la factibilidad del conjunto.

Al igual que las cadenas manufactureras de abastecimiento luego de los problemas en Japón, las cadenas financieras de suministro enfrentan presiones formidables para su reestructuración y adaptación a medida que la economía global se inclina hacia los mercados emergentes. A medida que eso ocurre, miles de millones de consumidores ingresarán a las clases medias de esos países, nuevas redes sociales evolucionarán, y el cambio climático ganará incidencia en el comercio internacional.

Además, las importantes reformas en la normativa imponen nuevos y mayores costos sobre el sector financiero. Los bancos y otras instituciones también se encuentran bajo presión para diseñar nuevos productos financieros que puedan ayudar al sector real a administrar riesgos más complejos y permitan inversiones en áreas como las tecnologías verdes y la infraestructura para las economías en desarrollo.

Además, la estabilidad financiera mundial ahora depende de una mayor cooperación internacional y la presión para el cumplimiento de las normas nacionales ha recrudecido. También resulta claro que los mercados emergentes están buscando modelos de crecimiento alternativos, ecológicos y sostenibles. Sus sectores financieros tendrán que funcionar de manera muy distinta a la del modelo actual, cuyo motor es el consumo.

En un mundo en que tanto el consumo como las finanzas deben crecer más lentamente para sobrellevar las restricciones globales ambientales y de recursos, ¿qué papel pueden desempeñar las finanzas para reducir el consumo adictivo, alimentado por un apalancamiento insostenible? Y, dado que las instituciones financieras tendrán que controlar y administrar el riesgo en una forma radicalmente distinta, tanto en forma interna como para sus clientes, ¿cuál es el rol de la distribución en un mundo en que el consumo, el ahorro y la inversión aumentarán su volatilidad?

La «producción» financiera es actualmente un proceso impuesto de arriba hacia abajo. Los instrumentos se diseñan en forma tal que su venta genera más beneficios para los ingenieros financieros que para los usuarios finales. Pero el crecimiento de las redes sociales interactivas ha inyectado un enfoque un poco más democrático a la innovación financiera. Millones de clientes bancarios con teléfonos móviles pueden proporcionar información inmediata sobre los productos y servicios que les gustan, y los que no. En el futuro, los sistemas de servicios a clientes y de gestión de transacciones recibirán más información de los usuarios con mayor frecuencia, así el diseño de los productos será más interactivo.

La estrategia actual en el sector financiero impulsa una competencia excesiva ya que la participación en el mercado se da a expensas de los rivales, a menudo minando la confianza de los clientes para obtener ganancias en el corto plazo. Sin embargo, el sector financiero, en épocas anteriores, ha demostrado que puede funcionar como un bien público y ofrecer servicios eficientes y dignos de confianza. Las cadenas exitosas de abastecimiento financiero en el futuro infundirán confianza en su oferta de servicios seguros, estables y eficientes a la mayor cantidad de clientes posible.

La innovación durante el último siglo se centró en los procesos, productos y servicios. Hoy, el sector financiero necesita una innovación de mayor magnitud, que incorpore modelos de negocios, estrategias y enfoques de gestión para recuperar la confianza en las finanzas. Así como Steve Jobs en Apple transformó la industria informática a través de productos con estilo y servicios altamente confiables, fáciles de usar y «con onda», las instituciones financieras tendrán que introducir nuevas cadenas de valor que generen confianza, adaptándose a las crecientes necesidades de los mercados.

Dados esos cambios profundos, los líderes financieros deberían pensar sobre cómo orquestar una nueva cadena financiera de suministro, la nueva «aplicación revolucionaria» para este joven siglo.

(Andrew Sheng, presidente del Fung Global Institute de Hong Kong, y asesor principal de la Comisión Reguladora Bancaria China, se ha desempeñado como presidente de la Comisión de Valores y Futuros de Hong Kong. Copyright: Project Syndicate, 2020)

– China podría usar sus reservas internacionales para diversificar sus inversiones (The Wall Street Journal – 12/1/12)

(Por Lingling Wei y Matt Murray)

Beijing (Dow Jones).- China podría invertir más de sus US$ 3,2 billones en reservas internacionales en acciones, empresas y otros activos, mientras busca maneras de aumentar sus rendimientos sobre las reservas, según Jiang Jianqing, presidente del directorio del mayor banco estatal de China.

«La cartera de reservas internacionales necesita ser más razonable y efectiva», dijo el jueves Jiang, presidente del directorio del Banco Industrial & Comercial de China Ltd., durante una entrevista con el diario The Wall Street Journal. El ICBC, por su sigla en inglés, es el mayor banco del mundo por valuación de mercado.

Más allá de la deuda, la cual actualmente domina las reservas de moneda acumuladas en los cofres de China, «no descarto invertir en los mercados de acciones y otros activos como empresas», dijo Jiang.

Las reservas de China, las mayores del mundo, están invertidas principalmente en instrumentos de bajos rendimientos como los bonos del Tesoro de Estados Unidos.

– Reino Unido e Irlanda buscan por sendas opuestas su lugar en Europa (El Confidencial – 14/1/12)

(Por Ignacio J. Domingo)

La cumbre europea del pasado 9 de diciembre que convino, bajo los auspicios de los dirigentes del engrasado eje franco-alemán (Nicolas Sarkozy y Angela Merkel), la revisión de los tratados de la UE para avanzar hacia la unión fiscal y la disciplina presupuestaria de la zona del euro, ha dejado, por encima de cualquier otro damnificado, dos grandes víctimas: Reino Unido e Irlanda. Es como si las Islas Británicas, en una nueva reedición de la caprichosa teoría cíclica de la Historia, se replegaran, un vez más, para hacer examen de conciencia y recapacitar sobre su crisis de identidad perpetua con el Viejo Continente.

En ambos casos, tanto la Pérfida Albión -término cargado de anglofobia con el que la diplomacia francesa, en particular, y europea, en general, ha calificado en los tres últimos siglos las complejas relaciones con Londres-, como el otrora tigre celta, aducen un mismo argumento de preocupación para distanciarse de Europa: la pervivencia de sus sistemas financieros. Sin embargo, los cauces para defender sus intereses difieren diametralmente. Así, mientras el veto a Europa del premier británico, David Cameron, aleja aún más a Downing Street de Bruselas, la aceptación de los acuerdos por parte del taoiseach (jefe de Gobierno) irlandés, Enda Kenny, le obligan a intentar revertir los efectos armonizadores del núcleo duro de socios monetarios que se congregan alrededor de Francia y Alemania, desde dentro; es decir, desde el entramado de toma de decisiones comunitario.

La «City» eleva la tensión con Europa

Industria financiera o mercado interior. Esta fue la duda que asoló a Cameron antes de ejercer el rechazo británico. La defensa de la City londinense, el mercado de activos de mayor calibre de Europa, ofrecía al dirigente tory datos de enorme calado. Según Chris Cummings, ejecutivo jefe de The City UK, organización que se autodefine como independiente y dedicada a la promoción del gran mercado financiero de la capital británica, este sector da trabajo a casi dos millones de personas (1,9 exactamente), los servicios financieros y profesionales aportan una de cada siete libras al PIB nacional (el 14% de la riqueza nacional o 175.000 millones de libras) y genera 40.000 millones de libras de superávit comercial, cantidad equivalente al 3% de la economía del Reino Unido. Además -aclara- sus gestores de fondos manejan 3,2 billones de libras en activos en un centro de negocios en el que las compañías del país han aumentado sus recursos financieros -préstamos, bonos, acciones o capital riesgo- en 445.000 millones de libras desde 2005. Todo ello, precisa Cummings, deja en las arcas del Tesoro 53.000 millones de libras de ingresos en el último ejercicio fiscal, el 11% de la recaudación total, más del doble de las aportaciones de los tributos vinculados a los combustibles (26.000 millones) y más e los 49.000 millones del presupuesto de Educación.

Con esta carta de presentación, la tentación del veto parece justificable. Sobre todo si, como en un aparente arrebato de generación espontánea, varias decenas de parlamentarios e ideólogos conservadores, alentaron primero y aplaudieron después de la cumbre en distintos diarios tories el veto que finalmente utilizó Cameron ante las escasas opciones de exigir a Europa un «nuevo protocolo» del Mercado Interior, o la imposición de un «freno de emergencia» a las leyes de regulación y supervisión de los servicios financieros que se cuecen en Bruselas. En esta cruzada mediática no ha faltado tampoco la invocación al referéndum de pertenencia a la UE, un espectro que aparece y desaparece de la lista de compromisos conservadores con su electorado, respaldado por sondeos de apoyo masivo -casi seis de cada diez británicos- al rechazo de los acuerdos europeos por parte del primer ministro.

La reforma financiera «Vickers»

Pero, quizás, la mejor revelación de que el Ejecutivo británico pretende defender sus intereses al margen de la órbita comunitaria haya sido la nada casual aprobación, a finales de diciembre y «en su totalidad», del diagnóstico de la Comisión Bancaria Independiente, coordinado por John Vickers, ex economista jefe del Banco de Inglaterra, que establece recomendaciones dirigidas a garantizar la supervivencia y el liderazgo de la City.

George Osborne, chancellor of the Exchequer, tenía previsto dar el visto bueno «en su totalidad» al informe Vickers en septiembre pasado, cinco meses más tarde de su publicación preliminar. Pero el ministro de Hacienda ha preferido esperar al repliegue británico de la última cumbre europea para sacar a relucir, una vez más, el gran mensaje euroescéptico que el Partido Conservador ha asumido del célebre titular acuñado a finales de los cincuenta por The Times: «Niebla en el Canal (de la Mancha), el continente aislado» y matar, así, dos pájaros de un tiro. Por un lado, al escenificar la proximidad hacia Estados Unidos, ya que las recetas Vickers modificaron su pretensión inicial y favorable a exigir la segregación del negocio minorista de otras áreas como la banca de inversión, ante las amenazas de los máximos dirigentes de Lloyd»s y Barclays de trasladar sus sedes operativas a otras latitudes ante la pérdida de competitividad que suponía este viraje regulatorio.

A cambio, y en línea con la reforma financiera que la Administración Obama impuso hace dos años para Wall Street, se les exige separar estas divisiones y un colchón de estabilidad financiera del 10% del capital básico; tres puntos por encima del 7% de core capital que reclaman los acuerdos de Basilea III del Banco Internacional de Pagos. Y, por otro, acallar la contestación social que la revelación de dicho informe, que no estipula ningún límite al cobro de las generosas retribuciones variables de los altos directivos de la gran banca.

Estos temores a la pérdida de influencia internacional no son ni ficticios, ni exclusivos de la City. El Índice de Desarrollo Financiero del World Economic Forum (WEF), recién publicado en su edición de 2020, y que analiza centros bursátiles de 60 países o enclaves, a partir de más de 120 variables -entre otras, el clima institucional y de negocios, la estabilidad financiera o el tamaño y profundidad de sus mercados de capitales- deja un hecho inédito -por primera vez, Hong Kong se erige en la principal plaza internacional y desplaza a Estados Unidos y Reino Unido, que se han alternado en lo más alto de este escalafón en los últimos año- y un aviso para navegantes: la única presencia europea en el top ten es Holanda, y en el séptimo lugar.

Finanzas o mercado único

Este cuadro de mando deja un complejo dilema al tándem Cameron-Osborne. Apostar, como siempre, por el peso financiero británico, pese a airear contradicciones tan supinas como la creación de una tasa bancaria por parte de Osborne con el que ha recaudado 2.500 millones de libras en su primer año en vigor como contribución al coste financiero del 20% del PIB que ha ocasionado la crisis, mientras demonizan la idea franco-alemana de establecer, dentro de un año, un gravamen sobre las transacciones bancarias en Europa, sobre la que Cameron ya ha amenazado con un nuevo veto británico. O decantarse por aceptar, con el efecto balsámico de la diplomacia, la mano tendida que aún mantiene Berlín, París y el Ejecutivo comunitario con Londres y valorar las repercusiones que supondría el jaque mate de la cumbre.

Desde la creación, en paralelo, de nuevas instituciones comunitarias, confeccionadas por los 26 socios restantes para instaurar los cambios en los tratados; a una Europa a dos velocidades, con avances integradores intensos por parte de los socios monetarios que sobrevivan a la crisis de la deuda, sin descartar, incluso, una petición oficial en bloque para que Reino Unido deje la UE. Una circunstancia límite que reduciría el acceso al mercado único europeo del sector exterior británico y podría propiciar un descenso del valor de la libra e invitaría a empresas de las islas a iniciar deslocalizaciones de producción y cambios en los flujos de inversión hacia el continente en busca de un mercado de 500 millones de consumidores.

El dócil maullido del «tigre celta»

Irlanda, por el contrario, ha elegido una estrategia opuesta, en un intento de recuperar, como el protagonista de El Retrato de Dorian Gray de su escritor de cabecera, Oscar Wilde, la idílica belleza económica de los noventa, década en la que registró tasas de crecimiento próximas a los dobles dígitos y aupó a sus ciudadanos al segundo peldaño de mayor riqueza per cápita de Europa, sólo por detrás de los luxemburgueses.

En la táctica de Enda Kenny ha jugado un papel determinante la pertenencia irlandesa al euro y, más en concreto, la subrepticia intervención del BCE en los mercados de deuda, así como las decisiones de la autoridad monetaria europea en las subastas para inyectar liquidez al proceso de recapitalización bancaria de la zona. En este aspecto, los bancos irlandeses todavía reclaman una porción significativa de financiación, pese a ser un modelo parcialmente saneado, porque aún emite señales renqueantes por el duro ajuste inmobiliario que hizo repuntar la demanda de pisos un 401% entre 2006 y 2009. Además de la losa política que supone el doble rechazo, en referéndum, a los tratados de Niza y Lisboa y de la factura económica del rescate europeo, que Dublín se vio obligado a solicitar tras desembolsar 485.000 millones de euros para asumir primero las responsabilidades de seis bancos del país y cubrir, después, las operaciones exteriores por sus nacionalizaciones.

Dos datos ilustran la presión con la que acudió a la cumbre europea el líder del Fine Gael: la creciente exposición del Bank of Ireland (BKIR) a la deuda soberana irlandesa, valorado en otros 1.440 millones de euros por el banco central del país, y el reconocimiento, por parte de la ministra de Asuntos Europeos, Lucinda Creighton, de forzar al BCE a asumir un rol más activo para resolver la crisis de la deuda europea.

Aun así, el Gobierno irlandés ha puesto una línea roja: el gravamen del 12,5% de su Impuesto sobre Sociedades. Un arma con la que Irlanda creó el mito del tigre celta y que Kenny se niega a modificar pese a los intentos unificadores de la base impositiva de este tributo que demanda la canciller Merkel. A juicio del taoiseach, esta seña de identidad irlandesa para atraer capital extranjero, preferentemente tecnológico, es esencial para recuperar el rugido económico perdido. Eso sí, por medio de una oposición interna, tratando de ganar en los Consejos Europeos ventajas, exenciones o deducciones ante una hipotética armonización de los tipos impositivos.

– Marc Faber: «La mayor parte de Europa debería contar con un rating de triple C y EEUU de bono basura» (El Economista – 16/1/12)

Tras el escarnio llevado a cabo en Europa por la agencia de calificación, Standard & Poor´s, el inversor Marc Faber, no ha dudado en realizar unas polémicas declaraciones que poco hacen por mejorar la encrucijada en la que se encuentra en estos momentos el Viejo Continente. «La mayor parte de países europeos deberían ser calificados como triple C» dijo durante una entrevista con la CNBC donde además matizó que «EEUU debería ser calificado como un bono basura si tenemos en cuenta las responsabilidades que tendrá que enfrentar en el futuro».

Para el creador del informe Gloom, Boom and Doom, muy seguido entre la comunidad inversora de todo el mundo, la rebaja de calificación llevada a cabo sobre Francia «es insuficiente». Faber justifica esta afirmación al asegurar que Francia «nunca ha sido un buen crédito de riesgo«. Al hacer referencia a Alemania, el miembro mejor saneado de la UE, el inversor reconoció que el país de Angela Merkel «también tiene grandes deudas pendientes».

Con este panorama, Faber dejó claro que no tiene ningún interés en los bonos soberanos porque «a largo plazo los inversores acabarán perdiendo dinero«, señaló. De nuevo reiteró que no compraría «ni bonos franceses ni mucho menos estadounidense».

Por otro lado, Faber hizo hincapié en la fase bajista en la que se encuentra sumido el euro. Según explicó, buena parte del corporate europeo tiene buena parte de su deuda denominada en dólares estadounidenses por lo que una caída en el precio del euro «provocará que sus deudas acaben por encarecerse«.

Sobre la posible salida de la UE de alguno de sus miembros, el inversor fue tajante. «Si Grecia decide abandonar la Eurozona, no se produciría ningún desastre», dijo. «Sin embargo si Grecia, Portugal, España e Italia deciden abandonar, el impacto sería descomunal», especialmente en el mercado de derivados.

Sobre la renta variable de europea, Faber señaló que es cierto que durante algún tiempo estará por detrás de la renta variable de EEUU pero, en algún momento, «esta dinámica tendrá que cambiar». Cuando esto ocurra, el inversor recomendó títulos como Novartis, Nestle o Total con «un valor razonablemente bueno». Aún así, sus sectores favoritos en estos momentos siguen siendo las commodities y los metales preciosos.

– Nada es lo que parece: las agencias de rating nunca han sido independientes (El Confidencial – 17/1/12)

En este mundo en el que vivimos, nada es lo que parece. La Justicia no es justicia, la prensa no confronta al poder, el sistema educativo no educa y los gobiernos no gobiernan.

Como resultado, el proceso de «lobotomización» de la población continúa con la desinformación como norma, lo que lleva a la ciudadanía a la aceptación de las noticias y decisiones político-financieras sin entender qué ocurre.

El viernes pasado, S&P rebajó la calificación de la deuda de varios países, entre ellos Francia, Italia y España, así que durante los próximos días serán bombardeados con múltiples artículos sobre el tema. Unos les dirán las consecuencias negativas de esta decisión. Los otros les dirán que no hay que escuchar a las agencias porque se «equivocaron» al no prever la crisis.

Aquí les damos otra opinión. Depende de ustedes pensar y decidir por sí mismos.

Las agencias nunca han sido independientes. Son parte del sistema y por lo tanto, cada decisión que afecte a uno de los grandes del sistema, es una decisión consensuada y aprobada por el propio sistema. Desde 1931, siempre han actuado con «extraordinaria discreción en su trabajo» siguiendo la petición de los gobiernos.

En cada rebaja de la calificación, siempre hay detrás una decisión política.

Por ejemplo: en agosto pasado, la rebaja de la calificación de la deuda EEUU por parte de S&P creó conmoción entre la prensa. S&P justificó la decisión por «la incapacidad del gobierno para reducir la deuda».

Según los «expertos», la decisión supuso «un toque de atención a otras países», «la elevación del coste de los préstamos a las empresas» y «el de las hipotecas». Se escribió que con la rebaja, los EEUU «entraban en territorio peligroso, nunca explorado»…

¿Cuál fue la razón real para la rebaja? La necesidad de aumentar el límite del gasto. La rebaja de S&P permitió al gobierno Obama aumentar el techo de gasto.

¿Lo ven? Cada vez que una agencia rebaja una calificación, es por necesidad política. Son los gobiernos los que necesitan que «alguien» tome esa decisión. S&P o Moody»s son la excusa que necesitan los gobiernos para tomar decisiones contra sus ciudadanos.

¿Cuál fue el resultado de la rebaja de S&P en la deuda EEUU? Absolutamente ninguno. La decisión de una agencia no tiene ningún efecto a menos que el gobierno y el banco central lo deseen. Ningún país soberano monetariamente tiene que preocuparse por su deuda. Esto lo dice la Fed cuando dice que «EEUU tiene la habilidad de crear moneda para pagar sus deudas al vencimiento. Su crédito no está en duda».

Igual para la Unión Europea. Ningún país de la UE tendría que preocuparse por la calificación de su deuda si la UME y el BCE hicieran su trabajo en vez de seguir una agenda ideológica para imponer medidas de ajuste en todos los países.

Cualquier banco central de un país soberano siempre tiene el poder para controlar el tipo de interés que paga, siempre puede pagar su deuda, siempre tiene el poder para «colocar» su deuda. Da igual lo que digan el «Mercado» o cualquier agencia de calificación.

Un país soberano que emita su propia deuda no necesita tener que pedir prestado al «Mercado» para financiar su deuda. Tampoco necesita emitir deuda para financiarse. Tampoco necesita aumentar impuestos para financiar su gasto.

El poder lo tiene el Estado a través de su banco central y Ministerio de Hacienda. Nunca el «Mercado». La razón por la que España no controla el tipo al que tiene que pagar su deuda es porque el Banco de España no controla la política monetaria.

España, Grecia o Italia tienen problemas con su deuda pública (aparte de los dispendios de sus lamentables políticos) por la decisión política (que no económica) de no usar el BCE como banco central y dejar que el «Mercado», las entidades financieras, obtengan ingentes beneficios a costa de los ciudadanos.

Otro ejemplo: en 1998, el Gobierno japonés anunció un plan fiscal para mejorar su economía. Como resultado, Moody»s comenzó a rebajar su deuda. Desde Aaa en 1999 la rebajó a Aa3 en el 2001 y hasta A2 en el 2002, peor que la de Bostwana.

Moody»s justificó su decisión alegando que «las políticas del gobierno serian insuficientes para evitar el deterioro de la deuda y que el gobierno entraba en territorios desconocidos»…Territorios desconocidos que se repiten una y otra vez… ¡qué miedo!

¿Qué pasó en Japón? El grafico que sigue muestra los tipos entre 1998 y 2007. Durante el periodo que Moody»s rebajó la calificación de la deuda, los tipos no se vieron afectados.

El siguiente muestra la inflación. Largos periodos de déficits públicos no implicaron aumentos de inflación.

Bueno, el PIB se vería afectado por la rebaja, ¿no? No. Ningún efecto.

Durante todo el periodo 1988-2020, el gobierno japonés no tuvo problemas para colocar sus emisiones de deuda y no le importó que Moody»s volviera a bajar la calificación.

Los gobiernos tienen tendencia a mentir a sus ciudadanos y esconden como decisiones forzadas por el mercado o las agencias lo que son sus decisiones, que son ideológicas y no de Teoría Económica. Por ello ningún gobierno acaba con las agencias, porque a los gobiernos les interesa tenerlas como culpables de decisiones que así ellos pueden tomar.

El segundo problema es la falta de soberanía. Cualquier gobierno soberano que emite en su propia moneda siempre podrá pagar sus deudas independientemente de lo que diga una agencia de calificación o el mercado, pero si ha cedido su soberanía monetaria…

Pero aun así, el BCE podría ayudar de verdad a España controlando los tipos de los plazos mayores de vencimiento fijando los tipos actuando como lo que debería ser, un banco central, no una aseguradora del futuro de las entidades financieras.

Existen múltiples propuestas y comisiones para reformar las agencias de calificación. No se equivoquen. No se va a aprobar ninguna. ¿Por qué? Porque son parte del sistema y porque los gobiernos las necesitan para tomar sus medidas contra los ciudadanos.

Pincho de tortilla que la respuesta de los gobiernos afectados con la rebaja será que la decisión de las agencias prueba la «necesidad» de tomar más medidas de ajuste.

Como siempre depende de ustedes. O creen a los «expertos» de uno u otro lado o piensan por sí mismos.

Si no fuera tan predecible y no se lastimara la vida de miles de ciudadanos, hasta sería divertido.

– Calificaciones de la deuda y deuda por las calificaciones (El Economista – 16/1/12)

(Por Santiago Niño Becerra)

Veamos. Recalificaciones, denuestos, maldiciones. Consideremos.

1 – Las economías de los países que les han bajado el número de Aes era tan buena o tan cochambrosa el Viernes 13 por la mañana como el mismo día por la tarde.

2 – Si era cierto antes de la nueva revisión que había que meter en vereda a las agencias de calificación con más razón hay que meterlas después.

3 – Los mercados descuentan las recalificaciones a la baja antes que las agencias califiquen, y los precios de la deuda suben o bajan según decisión.

4 – Los déficits son pecado mortal porque de seguir así quienes deben no tendrán suficiente pasta para devolver lo que deben, pero para reducirlos hay que crecer ya que recortar no es suficiente; pero el crecimiento es el que es, ya no se puede crecer lo que se quiera porque los recursos son limitados, y porque el endeudamiento ya no puede aumentar más, pero si no se crece la calificación baja más debido a que los déficits no decrecerán.

5 – Y a la vez se debe la tira.

Consideremos. Si no se mete todo en el mismo saco no se sale porque ya no es imposible abordar las cosas por separado; luego:

a) Especulando ya no se puede ganar pasta porque todos los problemas están relacionados con todos y ya hay problemas que son irresolubles.

b) Hay deuda que no se puede pagar y hay gente que no puede pagar lo que debe.

c) Hay gente que no va a crecer, nada, y otra gente va a decrecer.

d) Gente: compañías, entidades financieras, personas, Estados, gobiernos regionales, municipios. Crecer: generar PIB. Deuda que no se puede pagar: impagados, coberturas.

e) Ya ha llegado el momento de realizar quitas: a la gente, y asumir que se va a crecer mucho menos, o nada, y adaptar las cosas a esa situación: y las mentes.

España, tal y como lo pinta S&P ya está condenada:

– Tiene que reducir el déficit para ganar confianza en los mercados, y para ello debe reducir gasto público y aumentar contribuciones fiscales, lo que deprimirá las posibilidades de crecimiento lo que incidirá negativamente en los ingresos públicos.

– El consumo público no va a aumentar porque el déficit debe ser reducido, el privado tampoco porque la renta media no va a aumentar como tampoco va a hacerlo una capacidad de endeudamiento que ya se halla agotada, máxime cuando el desempleo tiende a crecer o a cambiarse por un creciente subempleo y, en cualquier caso, la evolución de la situación tiende a enquistar un desempleo estructural en aumento.

– Las reformas laborales de las que se están hablando buscan reducir costes laborales a fin de que, vía exportación las empresas puedan aportar algo de crecimiento, pero en el escenario depresivo actual las exportaciones de todas las economías tienden a retraerse: ya se están retrayendo; también busca reducir gasto público vía un menor pago de subsidios forzando un subempleo inevitable; pero ello llevará a una mayor caída en los ingresos públicos máxime si las cuotas empresariales a la Seguridad Social se reducen y no son compensadas con otros ingresos. Pero ninguna reforma laboral de la que se habla afronta la única verdad cierta: que cada vez hace falta menos factor trabajo para producir la cantidad de PIB que en cada momento sea necesaria, en España y en todas partes, pero más aquí por el especial modelo productivo español.

– Las entidades financieras del reino han absorbido el 30% de los 0,5 B que a finales de Diciembre el BCE prestó a la banca europea: algo pasa en las entidades financieras españolas si piden prestado el triple del peso que representa la economía española en Europa.

– Si España no reduce su déficit y si, además, no crece, las agencias rebajarán más su calificación y los mercados la castigarán más, forzando al Gobierno a tomar medidas crecientemente más duras para reducir el déficit y medidas cada vez más imaginativas -¿o imaginarias?- para conseguir un crecimiento imposible, cosas ambas que España no conseguirá.

España, como tal, como conjunto, como bloque, como país, como unidad, está condenada, al igual que ya lo están otras economías y del mismo modo que lo irán estando otras más.

Esto es una crisis sistémica versión 2020.

(Por cierto, y por si alguien se lo pregunta. La razón por la que S&P (de momento) ha rebajado la calificación a todos esos países a pesar del préstamo -casi regalado- de 0,5 B, pienso que es precisamente esa: ¡cómo deben estar las entidades financieras de cargadas de deuda de esos países para que éstos necesiten que esas mismas entidades financieras les sigan comprando deuda! (a lo que hay que añadir los propios problemas de las entidades financieras, ya)).

(Más por ciertos. Las oposiciones políticas a M. Sarkozy pueden decir lo que quieran, pero pienso que con cualquier otra/o presidenta/o del color político que hubiese sido, la República Francesa hubiese perdido las tres Aes, ¿por qué?, pues porque la calidad de la economía francesa no es de tres Aes, la de nadie hoy lo es, lo que sucede es que las cosas se hacen cuando es procedente hacerlas).

(Más aún: los cadáveres de los armarios: «Es algo que viene de atrás»: el Sr. Ministro de Hacienda del Reino de España en Málaga el 14 de los corrientes refiriéndose a la rebaja de la calificación de la deuda española por la agencia S&P. Es cierto: eso viene de atrás, pero, entonces, el megafollón que se ha liado con el ladrillo, ¿también viene de atrás, no? Es lo que sucede con los armarios: en todos hay cadáveres).

(Santiago Niño-Becerra. Catedrático de Estructura Económica. IQS School of Management. Universidad Ramon Llull)

– S&P se defiende en medio de las críticas (The Wall Street Journal – 19/1/12)

La calificadora de riesgo dice que las rebajas de las notas de EEUU. y Francia, entre otros países, se ajustan a sus criterios

(Por Jeannette Neumann)

Doug Peterson, el nuevo presidente de la calificadora de riesgo Standard & Poor’s Rating Services, defendió las rebajas de la deuda soberana de Estados Unidos y varios países europeos, y rechazó las críticas que señalan que la firma se ha vuelto más asertiva después de su polémico papel en la crisis financiera de 2008.

En la primera entrevista que otorga desde asumir el timón de S&P, una división de McGraw-Hill Cos., Peterson indicó que la firma se limitó a seguir sus criterios para evaluar deuda pública. Esos estándares se fortalecieron justo antes de que S&P redujera la calificación de EEUU. «El equipo que tenemos en deuda soberana es de primera clase», señaló Peterson, quien sustituyó a Deven Sharma como presidente de S&P el 12 de septiembre. Los criterios para calificar la deuda de los gobiernos, que fueron actualizados el 30 de junio, «son el corazón de nuestros análisis», manifestó.

Peterson, un ex ejecutivo de Citigroup Inc., asumió las riendas de S&P durante uno de los períodos más convulsionados de su historia. S&P, que fue el blanco de ásperas críticas por haber asignado máximas calificaciones a complejos valores hipotecarios que colapsaron durante la crisis financiera, ha vuelto al centro de la tormenta. En agosto rebajó la calificación máxima de AAA de EEUU y la semana pasada hizo lo mismo con la deuda de Francia, Portugal, España y otros países europeos.

La reacción del mercado ha sido más bien cauta. Los precios de los bonos soberanos de Francia a 10 años, por ejemplo, han caído levemente, y el rendimiento bordea 3,15%, según la plataforma de transacciones Tradeweb.

Las reducciones en las notas de EEUU y la zona euro son un indicio de que «S&P cambió de enfoque», al menos en su forma de calificar deuda soberana, dijo Adrian Miller, vicepresidente senior de estrategia de mercados globales de GMP Securities LLC. La calificadora de riesgo «está tratando de obtener un mayor respaldo del mercado. Están tratando de decir: ‘Manejamos muy bien el tema y vamos a decir lo que pensamos'», afirmó Miller.

Peterson señaló que S&P no era más enérgica que sus rivales ni estaba tratando de que sus análisis impactaran los mercados. «El valor que aportamos es contar con la metodología, el análisis, el personal adecuados»… señaló.

El ejecutivo agregó que S&P busca acelerar su expansión en los mercados emergentes. La firma anunció a fines del año pasado que tenía una participación en torno al 5% en calificadoras de riesgo de Tailandia y Malasia. Peterson declinó referirse a si la empresa evalúa adquisiciones adicionales, aunque resaltó que consideraría expandirse «en cualquier parte que registre alto crecimiento de los mercados».

Peterson indicó que su experiencia trabajando en un negocio tan regulado como la banca lo ayudará a navegar las nuevas imposiciones de la ley Dodd-Frank a las calificadoras de riesgo en EEUU Peterson se desempeñó como director de operaciones de la filial Citibank, de Citigroup.

El ejecutivo de 53 años pasó 26 de ellos en Citigroup, donde trabajó en las filiales de Argentina, Uruguay y Costa Rica. Peterson dice que el alcance global de Citigroup constituyó una excelente formación para su actual trabajo en S&P, donde tiene que supervisar a 1.300 analistas en 23 países.

Durante su carrera en Citigroup, Peterson desarrolló sus habilidades diplomáticas, aprendió a tratar con los reguladores y se ganó una reputación como un líder efectivo para resolver problemas. Peterson también es conocido por su naturaleza metódica.

Un momento delicado

S&P enfrenta un momento delicado. En 2020, su rival Moody’s Investors Service la superó por primera vez en 14 años en el mercado de acuerdos respaldados por créditos hipotecarios y otros activos, según Asset-Backed Alert, una publicación del sector.

El problema, dijo Peterson, no es una disminución de la participación de mercado, siempre y cuando «la perdamos por buenas razones». El ejecutivo declinó dar más detalles al respecto.

Los legisladores estadounidenses han acusado a las firmas de calificación de riesgo de ser demasiado complacientes al ponerles las mejores notas a valores de baja calidad para que los emisores no acudieran a sus competidores.

Las calificadoras de riesgo aseguran que tienen estrictos criterios para impedir que esas situaciones se produzcan.

– ¡A imprimir!: El BCE, la Fed y la ilusión monetaria de la «patada para adelante» (El Confidencial – 21/1/12)

(Por Daniel Lacalle)

Qué principio de año más espectacular para los mercados. Es impresionante ver como las inyecciones de liquidez y las políticas intervencionistas impactan en los mercados cada vez más rápida y agresivamente, para luego desvanecerse rápida y agresivamente también. Los grandes beneficiarios, como siempre, las materias primas, bolsas y activos endeudados. Ese es el gran problema de las inyecciones de liquidez, que generan inflación, incentivan el mantenimiento de sectores de baja productividad e ineficientes y retrasan la limpieza del sistema, posponiendo la liquidación de inventarios excedentarios y manteniendo la sobrecapacidad. Si añadimos a esas inyecciones de liquidez -y ya hemos visto desde 2007 que no se trasladan a la economía real- el efecto de los planes de austeridad necesarios, no es difícil llegar a las estimaciones del Fondo Monetario Internacional de caída del PIB para España y la Unión Europea.

Lo que mantiene a las bolsas vivas y a las empresas en una situación mucho más sólida es la esperanza de la tímida recuperación de Estados Unidos mientras China busca desesperadamente compensar con capital su desaceleración económica. Pero hay cifras que merecen ser resaltadas:

– Para los Keynesianos que existan todavía: más de un billón y medio de euros inyectados a la economía en Europa desde 2007 para generar crecimiento de PIB negativo. La diferencia con EEUU es que aquí el «estímulo» ha ido entero al sector público de los aeropuertos fantasmas y las ciudades del circo y las artes. El problema del keynesianismo del gasto público es que, ante la evidencia del fracaso, siempre se olvida el pasado y dice que hay que hacerlo otra vez. Y otra, hay mucho contrato, favor a amigo y concesión que dar, y esto es muy goloso.

En Estados Unidos se ha pasado de una deuda pública de 65% a un 100% del PIB en seis años. En Europa, la aceleración del gasto, dos veces superior, ha sido aún más rápida desde 2004, pero los planes de estímulo han ido casi enteramente a sostener el gasto publico.

Los activos bancarios suponen un 85% del PIB de Estados Unidos y 320% del PIB de Europa.

Más de tres billones de dólares inyectados en el sistema financiero para generar una revalorización bursátil negativa o inferior a la inflación.

El problema de este entorno de inyecciones de liquidez es que viene acompañado de débiles señales en la economía real. Solo en enero el número de revisiones a la baja de estimaciones (profit warnings) de líderes globales expuestos al PIB mundial ha sido realmente espectacular. Contemos: Alcoa, Philips, Siemens, Tesoro, Chevron, Tiffany, Tesco, Vestas, Google, JP Morgan, Johnson Control, etcétera.

En un análisis espectacular de Ahorro Corporación, encontraban hasta un 50% de reducción en el precio objetivo de hasta la mitad de las empresas del Ibex si los resultados se mantienen estancados dos años. Estancados. No cayendo.

Pues bien, uno de los debates más escuchados en Estados Unidos hoy es si vamos a ver una tercera ronda de ajuste cuantitativo, «Quantitative Easing» o QE3. Imprimir papelitos, recomprar bonos, intervenir.

Es difícil pensar que se va a llevar a cabo en un año electoral, ya que se vería como una intervención electoralista a favor de Obama. Un año, además, en el que el presupuesto está secuestrado por ley para cumplir con el déficit, con lo cual el ajuste cuantitativo tendría un efecto, como mucho, neutralizador del recorte de presupuesto. Y un año en el que los republicanos ya han amenazado con investigar a la Fed si se lleva a cabo. No olvidemos que ningún indicador económico en Estados Unidos justifica un ajuste cuantitativo hoy en día, desde el desempleo hasta la producción industrial. La única razón para llevar a cabo tal medida sería una subida espectacular del dólar respecto al euro y otras monedas, pero de momento no está justificada dado que la ventaja competitiva más clara para EEUU hoy no es el dólar bajo, sino el hecho de que:

1. La competitividad del país se ha disparado gracias al «boom» del sector energético y sanitario, y la caída de los costes industriales, que en Estados Unidos se han desplomado gracias al gas pizarra, con el precio del gas cayendo un 60%, y el de electricidad un 50%. En Europa los impuestos siguen subiendo, a las empresas se les imposibilita invertir por el proteccionismo y los costes energéticos han aumentado en toda la eurozona a pesar del desplome de la demanda.

2. EEUU está colocando sus bonos a diez años a tipo real negativo (tipo 2% ajustado por inflación, negativo) ya que, como decía Will Rogers, los inversores «están más preocupados por la probabilidad de recuperar su dinero que por la rentabilidad del mismo» (I am not as concerned about the return on my money as I am about the return of my money). Algún día tendremos que plantearnos con sentido autocrítico por qué hay $27.000 millones de demanda de inversor final de bonos al 2% y ninguna de nuestros bonos al 4% o 6%.

3. Estados Unidos sabe que puede imprimir moneda porque el dólar se utiliza en el 75% de las transacciones mundiales, algo que no le ocurre al euro, que es menos del 15%. Pero sabe que no puede imprimir si no hay un proceso de recuperación global evidente porque entonces genera hiperinflación y el efecto deseado se pierde.

La guerra de deuda entre Estados Unidos y Europa la tenemos perdida de antemano. Porque en Estados Unidos cuentan con una moneda de uso mundial, el 75% del comercio global, y el hecho de que las medidas de competitividad se implementan a favor del sector privado, no para sostener al público. El gasto publico por unidad de PIB es un 25% en Estados Unidos, y eso incluye el desastre que es Medicare y el gasto desorbitado en armamento, por eso el país entero se queja de ello y están en proceso de cercenarlo por ley. En Europa alcanza el 50%.

La gran pregunta de esta semana entre los hedge funds con quienes mantengo mas contacto ha sido: «¿Cómo abro posiciones cortas en el BCE?». Ya hay mucha gente que estima que el siguiente pinchazo de burbuja subprime es el Banco Central Europeo y, como en 2007, se aprovechan épocas de inyección de liquidez para analizar activos sobrevalorados con respecto a sus subyacentes, es decir, los bonos que compra y el colateral que asume contra esas compras.

A pesar de lo que decía algún periódico, el BCE lleva, sobre un total de € 220.000 millones comprados, una perdida estimada de entre € 35.000 y € 55.000 millones en sus compras de bonos periféricos. Sí, hasta hace poco mantenía un ligero beneficio en sus bonos españoles, pero la ilusión desaparece mientras Grecia entra en «default» y tiene que reestructurar su deuda a unos 32 céntimos por euro, es decir casi un 70% de quita. Y una vez que se ha conocido la noticia, Portugal ha ido detrás y su prima de riesgo se disparaba, al igual que la española y la italiana.

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